miércoles, 26 de agosto de 2015

Alemanes trabajadores, Griegos holgazanes

El título nos muestra el estereotipo que los medios masivos, aliados y parte del poder financiero globalizado, nos sugieren en sus titulares y artículos.

Sin embargo un estudio del Halle Institute for Economic Research (IWH) de Alemania, muestra como Alemania se ha beneficiado con la crisis griega, según el siguiente artículo publicado en BBC Mundo.


Cómo Alemania ganó US$110.000 millones con la crisis griega

  • 19 agosto 2015
Angela Merkel Image copyrightGetty
Image captionEste miércoles el Parlamento alemán dio el visto bueno al tercer rescate para Grecia. La canciller Ángela Merkel estuvo haciendo cabildeo de última hora.
¿Quién se ha beneficiado con la crisis griega? ¿Quién ha salido perjudicado?
Los estereotipos nacionales han simplificado la respuesta a estos interrogantes reduciendo la complejidad de la crisis a un enfrentamiento entre un laborioso y responsable ciudadano alemán y un vago y despilfarrador griego.
No importa que las estadísticas de la propia Unión Europea muestren que los griegos trabajan más horas que los alemanes.
El estereotipo facilita la propagación de un determinado discurso gracias a una simplificación funcional a los titulares mediáticos y las citas de los políticos ante las cámaras televisivas.
La premisa de este discurso es que el principal contribuyente europeo de los rescates griegos, Alemania, ha sido el gran perjudicado.
Esta tesis dominó el debate en el Parlamento alemán este miércoles, cuando se aprobó el nuevo rescate de Grecia acordado este mes.
Sin embargo, las empresas alemanas ya se están beneficiando de la crisis griega. El gobierno de Atenas acordó vender a una compañía alemana, Fraport AG, los derechos para operar 14 aeropuertos regionales. Este convenio de US$1.370 millones es el primero en una ola de privatizaciones que van de la mano del bailout.
GreciaImage copyrightGetty
Image captionEn Alemania, el discurso dominante dice que la crisis griega le generó pérdidas. Pero una empresa alemana ya se hará cargo de 14 aeropuertos regionales en Grecia.
Es más: por más que en Berlín se sientan perjudicados, un estudio del Halle Institute for Economic Research (IWH) de Alemania muestra una realidad mucho más compleja y equívoca.
Basándose en cifras oficiales, el estudio revela que Alemania ahorró unos US$110.000 millones en intereses desde 2010 gracias a la crisis griega.
El director del IWH, Reint Gropp, explicó a BBC Mundo la mecánica de este beneficio.
"Cuando hay turbulencias financieras se produce una fuga de los inversores hacia la calidad, es decir, hacia la inversión más segura y de menor riesgo", dice.
"Esta fuga hizo que los inversores buscaran refugio en los bonos alemanes. Con la mayor demanda de sus bonos, bajó el interés que paga el estado alemán por emitir deuda. El resultado es que, gracias a esta caída de las tasas de interés, Alemania ahorró unos 100.000 millones de euros (US$110.000 millones)", indicó Gropp.

Los huidizos inversores

Más que a una política deliberada del gobierno alemán este beneficio puede considerarse un premio que los mercados dan a la solidez económica y garantía de un reintegro confiable del préstamo.

Crisis griega

Las ganancias de Alemania

US$110.000 millones
El dinero que ahorró Alemania en intereses desde 2010
3%
El porcentaje que esa cifra representa en el PIB alemán
  • US$1.370 millones La suma del primer contrato de privatización que beneficia a una empresa alemana en Grecia tras acordar un nuevo rescate
Las economías más fuertes del planeta tienen esta ventaja certificada por calificadoras de riesgo de inversión como Moody o Standard and Poor.
En este sentido el contraste entre Alemania y Grecia no se debe a presuntos estereotipos nacionales sino a distintos desempeños económicos anclados en complejos procesos históricos, políticos y tecnológicos.
Esta disparidad ha tenido efectos drásticos en la actual crisis y una paradójica conducta de siameses disfuncionales en el comportamiento económico de ambos países.
"Las malas noticias en Grecia se convirtieron en buenas noticias para las finanzas alemanas y viceversa. El día de la elección de Syriza en enero el beneficio automático para Alemania fue una caída del interés de sus bonos del 0,3%. Es un ejemplo. Esto no empieza con Syriza sino mucho antes", señala Gropp.
Alexis TsiprasImage copyrightReuters
Image captionEl primer ministro griego, Alexis Tsipras, debió hacer concesiones: más privatizaciones y recortes.
En efecto, los US$110.000 millones representan el ahorro germano acumulado con cada paso de la larga crisis griega que desde 2010 incluyó tres rescates, el actual todavía pendiente de la ratificación parlamentaria de varios países de la eurozona.
"Con la crisis los inversores no solo huyeron de Grecia: también huyeron de España, Portugal, incluso Italia. Alemania se benefició de todos ellos. Pero el mayor beneficio lo obtuvo del país con la crisis más profunda, es decir, Grecia", subraya Gropp.

Las cuentas en orden

Este beneficio disminuiría en el caso extremo de que Grecia incurriera en una cesación de pagos.
Una vez que se desgaja la exposición de Alemania en los distintos mecanismos de rescate de Grecia –el Mecanismo de Estabilidad Europeo o el Banco Central Europeo se ve que ha contribuido con unos US$99.000 millones.
Ministro de Finanzas alemánImage copyrightEPA
Image captionEl ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, se reunió este martes con miembros de su partido en Berlín en busca de consenso para el crucial voto que intenta salvar a Grecia del abismo fiscal.
Así que incluso si se diera el temidodefault griego, el saldo final para Alemania sería positivo en aproximadamente US$11.000 millones.
Esta mirada más compleja ofrece otro resultado sorprendente.
Alemania se ha presentado como ejemplo de probidad fiscal al exigir un ajuste a Grecia y otros países de la eurozona, como España o Portugal.
En 2014 tuvo un superávit fiscal de US$19.800 millones: un 0,6% del PBI.
El estudio del IWH señala, sin embargo, que este equilibrio presupuestario alemán no se debe a la probidad germana en el gasto.
"Con estos 100.000 millones de euros (US$110.000 millones), el estado alemán ha ahorrado alrededor de un 3% de su PBI en pago de intereses. En otras palabras, si no fuera por la crisis griega Alemania tendría un déficit fiscal", indicó Gropp a BBC Mundo.

La complejidad de las cosas

Visto así a las finanzas alemanas podría convenirle que el parlamento germano no aprobara el rescate y se profundizara la crisis griega.
GreciaImage copyrightAP
Image captionLos estereotipos que giran en torno a la crisis de Grecia no ayudan mucho al atribulado país europeo.
Gropp disiente de esta visión "extrema" de su propio análisis.
"Lo que hay que entender es que hemos aislado una consecuencia particular de la crisis, el comportamiento del sector financiero y su impacto en las tasas de interés. Este sector no constituye toda la economía. La crisis misma de la eurozona no es una buena noticia ni para Alemania, ni para la eurozona, ni para el mundo", subrayó.
Así las cosas, los "siameses disfuncionales" tendrán que seguir conviviendo mientras resuelven sus diferencias.
Entre tanto, Alemania seguirá beneficiándose de la crisis griega.
"Si se calmara la actual situación, Alemania ya no podría emitir deuda a un interés tan deprimido. Pero para eso falta. La deuda a mediano y largo plazo emitida en los últimos años va a extender esta ventaja que ha obtenido Alemania con la crisis griega por bastante tiempo", indicó Gropp.

viernes, 21 de agosto de 2015

El señor Equis tenía razón


Mucho se ha escrito y dicho sobre las PASO e innumerables análisis se han hecho sobre las mismas.
Ahora que "se asentó la polvareda" habría que reconocer que Don Artemio tenía razón.

Hasta antes de que Zanini se convirtiese en el candidato a Vice de Scioli, y Randazzo sufriese un golpe de nockout, Artemio López siempre sostuvo en su blog y en artículos publicados en diversos diarios que "la verdad establecida" de que "Scioli es el que mas mide" era una construcción mediática y de consultoría.
Siempre sostuvo que Scioli no sumaba mas votos por fuera del dispositivo kirchnerista.

Creo que el análisis de los resultados le da la razón.

Con un piso del FPV del 33%, siendo candidato único, con el apoyo de la Presidente que mantiene niveles de adhesión importantísimos al final de su mandato, llegó al 38%.

Aquí con Aliverti el análisis político y hacia donde debe apuntar la campaña.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Algunos logros

Reproduzco el post de El Canilla :

Satélites, Polímeros y políticas públicas


Mientras el Antonov carga el ARSAT 2 , YPF compra el 50 % de Petroken y el 46 % de Petrocuyo, interviniendo de ese modo en la cadena de valor de los polímeros ( PP , PE, PET ) que intervienen en la producción de los envases del mayor conglomerado de alimentos ( fideos, azúcar, leche , gaseosa, caramelos, galletitas ) que consume la población.

Mientras tanto, en Grecia , la troika de la UE controlará hasta el clima de negocios, como cuenta el amigo Baleno.

Decime, botija, de que lado te parás ?

y agrego en http://www.apertura.com/economia/Asi-es-la-nueva-locomotora-made-in-Cordoba-20140320-0004.html

Así es la nueva locomotora made in Córdoba

Es fabricada por una empresa local con el apoyo de una firma estadounidense. Puede lograr una velocidad máxima de 130 km/h.

Made in Argentina, y tras un acuerdo con la empresa estadounidense National Railways Equipment, la empresa Material Ferroviario S.A (Materfer), con base en Córdoba, presentará su nueva locomotora.
 
En el barrio Ferreyra, ubicado en la capital de Córdoba, la empresa presentará la locomotora, que es la primera construida en el país en los últimos 40 años, según informó la agencia Télam.
 
La locomotora Materfer 3300 (MTF 3300) tiene un peso de 120 toneladas (unos 120 mil kilos), y puede lograr una velocidad de 130 km/h.
 
locomotora dosConstrucción. La locomotora en pleno proceso de armado.Foto: Rieles.com/Diego Batista
 
Mientras tanto, de acuerdo con el sitio Rieles.com, tiene 19,50 metros de largo, una altura de 4,23 metros y un ancho de 2,845 metros. De esta forma, su radio de giro mínimo es de 80 metros.
 
El proyecto industrial tiene asignado 28.000 horas hombre por cada locomotora para todos sus procesos, estos son, diseño e ingeniería, corte y plegado de chapa, soldadura, montaje de subconjuntos, instalación eléctrica, instalación neumática, instalación de motorización y equipamientos, pintura y ensayos.
 
De acuerdo a datos suministrados por la empresa, hasta el momento ya se completaron dos unidades, con dos más en proceso de construcción.
 
locomotora unoManos a la obra. Es la primera locomotora argentina construida en los últimos 40 años. Foto: Rieles.com/Diego Batista

sábado, 8 de agosto de 2015

Todavía nos falta un poco.

Leyendo el siguiente artículo en el Clarín español me doy cuenta que todavía necesitaríamos 4 o 5 períodos de gobierno de Cristina Fernandez y lobotomías parciales en la mayoría de nuestra clase empresaria.



Trabajar para vivir en el planeta sueco

Holmqvist, empleado de la agencia espacial, organiza su jornada laboral en función de sus necesidades familiares


La cara del pequeño y rubísimo Tom es un poema. Su padre, Tobías Holmqvist, está a punto de cruzar la puerta de casa y de marcharse al trabajo. A sus dos años y medio, este acontecimiento cotidiano corre el riesgo de convertirse en drama en cuestión de segundos. Holmqvist se toma su tiempo y con suaves palabras evita el estallido. Al fin y al cabo, no tiene por qué agobiarse. Su jefe no le va a controlar si llega cinco minutos o media hora más tarde al trabajo. Porque el jefe de Holmqvist no le dice cuándo tiene que entrar ni salir. Ni si tiene que trabajar en la oficina o si puede hacerlo en su casa después de acostar a los niños. Le exige simplemente que haga bien su trabajo y que lo entregue a tiempo. De momento, Holmqvist cumple con los objetivos que le marca la empresa de tecnología espacial en la que trabaja. Esta forma de organizarse no es ninguna excepción en Suecia. Aquí, salir pronto de la oficina, la flexibilidad horaria y el teletrabajo son la norma.
Son las ocho de la mañana, y Holmqvist se dirige ya al metro que le llevará hasta su oficina, en la otra punta de Estocolmo. Hoy es un día especialmente caluroso. Por lo demás, se trata de un día cualquiera en la vida de un trabajador sueco cualquiera. La normalidad en la que habita Holmqvist es, sin embargo, marciana en muchos aspectos para el trabajador español medio, atrapado en la cultura del presencialismo, según la cual, cuantas más horas pasas en la oficina, mejor trabajador se supone que eres.
Aquí por el contrario, no se lleva quedarse a trabajar hasta tarde y mucho menos calentar la silla, estar para figurar. Es más, en Suecia, como en buena parte de los países europeos, quedarse en la oficina después de las cinco de la tarde está mal visto. Lejos de generar admiración, es síntoma inequívoco de ineficiencia y de falta de responsabilidad con la familia y con la sociedad. Porque aquí, criar a ciudadanos sanos es un deber cívico a la altura de pagar impuestos.
“Trabajo 40 horas a la semana y cuando tengo mucha carga de trabajo hasta 50, pero mi horario es completamente flexible. Si no tuviera esta libertad, no trabajaría aquí”, sentencia Holmqvist, que a sus 37 años dice no estar dispuesto a perderse una tarde con Tom y con Hugo –su segundo hijo de nueve semanas- por nada del mundo. Marie, su mujer, es reumatóloga y disfruta ahora de su permiso de maternidad.
Él calcula que pasa en la oficina unas 30 o 35 horas a la semana. El resto, lo hace desde casa. “Si tengo asuntos pendientes, trabajo por las noches. Pero si no, no hago nada”. Hay días que ni siquiera va a la oficina. “No me compensa ir y volver si no tengo alguna reunión”, explica este economista de clase media que, como tantos suecos, masca tabaco y es aficionado al fútbol. Los días que sí va, sale en torno a las cinco de la tarde.
“Aquí es muy raro que te ofrezcan un coche de empresa, pero es muy normal que las empresas que quieren atraer a los mejores trabajadores ofrezcan días libres o jornadas más cortas, ayudas a los padres y en general libertad para fijar los horarios”, explica Holmqvist. Cuando se le explica que en España mucha gente trabaja hasta las siete o las ocho de la tarde, simplemente no lo entiende. No entiende cómo la gente se ocupa de sus hijos o de sus padres o cuándo hace deporte o va al cine y no acaba tampoco de comprender la lógica del sistema. “Si estás obligado a quedarte hasta las ocho, no hay incentivos para ser eficiente. ¿Para que voy a ser eficiente si me voy a tener que quedar igual hasta las tantas?”. Tampoco entiende cómo los avances tecnológicos no han supuesto cambios drásticos en países como España. “La presencia ha perdido importancia. Hoy en día estamos conectados todo el tiempo. A golpe de teléfono, videoconferencia, Internet, lo que sea”.

En Suecia, como en buena parte de Europa, quedarse hasta tarde en la oficina está mal visto. Lejos de generar admiración, es síntoma inequívoco de ineficiencia
Es cierto que Holmqvist pertenece a la clase media y que entre los trabajadores peor remunerados las facilidades son menores. Es cierto también que Suecia es en cierto modo un caso especial. Que hay una parte de este modelo que tiene que ver con las generosas ayudas del Gobierno y las empresas suecas a las familias, fruto de una fortaleza económica difícilmente extrapolable a países como España. Pero también es cierto que hay otra parte que tiene que ver exclusivamente con la forma de organizarse y de entender las relaciones laborales y hasta el sentido de la vida.


Tobías Holmqvist (izquierda) junto a su jefe Jonas Strömfelt durante una reunión en la Swedish Space Corporation en Estocolmo. / EVAN PANTIEL (EL PAÍS)
No es que en Suecia todo sea de color de rosa ni que no haya empresas suecas con conflictos laborales de toda índole. Pero, en general, priman unas relaciones laborales cimentadas en la confianza mutua y no en el enfrentamiento entre la dirección de la empresa y el trabajador. Aquí, flexibilidad no significa que el empresario tenga poder absoluto para hacer y deshacer los horarios. Significa que jefes y subordinados se organizan de manera lo más beneficiosa posible para ambos, en un ejercicio de reconocimiento de las necesidades mutuas en el que predomina el sentido común sobre la autoridad como argumento.
A las diez de la mañana hay reunión en la oficina de Holmqvist. Están unificando el sistema de ventas y control financiero y van a repasar las fórmulas. Holmqvist se presenta con su ordenador portátil, que lleva siempre a cuestas, y lo conecta a la gran pantalla de la sala para que los demás puedan ver lo que preparó el día anterior en casa. La reunión dura una hora larga sin apenas charleta ni rodeos.
Dos despachos más allá se sienta Jonas Strömfelt, el jefe de Holmqvist, y alto cargo de la Swedish Space Corporation, una empresa de capital público y gestión privada que fabrica motores para combustible ecológico espacial y opera radares en medio mundo (Estados Unidos, Chile, Alemania, Australia…). Él mismo trabaja uno o dos días a la semana desde casa. “A veces, si trabajo por la noche, al día siguiente voy tarde a la oficina o no voy, sobre todo si hace buen tiempo”, se ríe.

No me compensa ir y volver si no tengo alguna reunión
Strömfelt es un firme defensor de la flexibilidad y la conciliación de la vida laboral y la personal. “En general, cuando a la gente le das libertad, se vuelve más creativa”. ¿Hay también trabajadores que abusan y se escaquean? “Claro que sí. Este sistema es positivo si la gente es responsable. No todo el mundo encaja; hay gente que necesita que la controles. Si Tobías no cumpliera con sus objetivos, no le daría tanta libertad”.
Kerstin Bergqvist, jefa de contabilidad de la empresa, tampoco concibe un régimen laboral con horarios fijos ni que el horario de un jefe marque el de los demás. "Mis subordinados no tienen por qué quedarse hasta tarde", opina. "Cumplen mejor cuando se organizan ellos”. Este año, su madre, que vivía lejos de Estocolmo, enfermó, y Bergqvist anunció a sus jefes que trabajaría desde allí tres semanas. “Podía haberme cogido un permiso por enfermedad de un familiar, que en Suecia es remunerado, pero preferí seguir trabajando a distancia mientras cuidaba a mi madre. Y a la empresa le vino bien, porque el trabajo siguió saliendo adelante”.
Nuestro sueco medio, Holmqvist, pasa un rato más frente al ordenador. A las doce llega la hora del almuerzo. En la planta de arriba de la oficina hay instalado un luminoso comedor con microondas y máquinas de café. Allí desenfundan los trabajadores sus tarteras, cargadas con las sobras de la cena del día anterior. Holmqvist ha olvidado hoy la suya y baja a comer a una cantina que hoy, como cada jueves, sirve sopa de garbanzos con crêpes, un plato tradicional sueco. Media hora después, su bandeja está vacía. Se levanta y se disculpa: “Tengo que volver al trabajo”.

Es muy normal que las empresas que quieren atraer a los mejores trabajadores ofrezcan días libres o jornadas más cortas
Porque cuanto antes vuelva, antes se va a casa a ver a sus hijos, a los que dice estar muy unido. Después de nacer su primer hijo, Holmqvist disfrutó de una baja de paternidad de 11 meses. Cuando nació el segundo, disfrutó de 10 días de permiso y luego de un mes más en el que le dijo a su empresa que cobraría el 50% a cambio de no pisar la oficina en un mes. El permiso de paternidad verdadero se lo guarda para el año que viene -planea pasar 13 meses con sus hijos-.
Los legisladores suecos hace tiempo que llegaron a la conclusión de que fijar extensos permisos de paternidad para hombres contribuye a que el empresario evite la tentación de discriminar a las mujeres en edad fértil, porque saben que tanto ellos como ellas desaparecerán durante un tiempo cuando nazcan los bebés.
Si Tom o Hugo, el pequeño, se ponen enfermos, Holmqvist no tiene que hacer malabarismos a altas horas de la noche para encontrar a alguien con quien colocar al niño y no faltar al trabajo. Al contrario, en Suecia faltar al trabajo por la enfermedad de un hijo tiene un verbo propio: vab. Si un padre no hace vab varias veces al año, probablemente sus compañeros le mirarán mal por descuidar sus obligaciones como padre. Por eso, cuando el termómetro sube, Holmqvist llama a la oficina, dice que "hoy vab" y que se quedará en casa.
Este sistema funciona por voluntad política, una fuerte inversión del Estado y una cultura que sitúa a las personas y sus circunstancias por encima de su papel de trabajadores. Pero funciona también por pura necesidad. En Suecia, como en otros países nórdicos, contratar a una persona para que cuide a los niños en casa o los recoja a la salida del colegio, aparte de estar mal visto, es simplemente prohibitivo. Los salarios y costes de la seguridad social hacen que una familia de clase media ni se plantee contratar a una cuidadora. En la patria de Ikea, la tienda que obliga a los compradores a montarse sus propios muebles, de la limpieza y del cuidado de los hijos también se encargan los propios miembros de la familia. Por eso, si a las cinco de la tarde el niño sale del colegio, al trabajador no le queda más remedio que ir a recogerle. Y al empleador, le queda escaso margen de actuación.

En Suecia faltar al trabajo por la enfermedad de un hijo tiene un verbo propio: vab. Si un padre no hace  vab, sus compañeros le mirarán mal
Al tradicional sistema de organización nórdico se le suma además desde unos años un factor añadido: la moda, sobre todo entre las clases medias urbanas, explica Marie, la mujer de Holmqvist. “Hay casi una obsesión por pasar el mayor tiempo posible con los niños. Aquí está claro que ser un buen padre no es traer un buen sueldo a casa, sino dedicarles tiempo. Si dejas a tu hijo a las 7.30 en la guardería y lo recoges a las cinco de la tarde, está mal visto. Hay gente que no se atreve a renunciar al permiso de paternidad por el que dirán los vecinos”.
Últimamente han surgido algunas voces críticas que opinan que la obsesión por el cuidado de los hijos está yendo tal vez demasiado lejos. “Se puede llegar a excesos, pero hay una idea de largo plazo, de la importancia de que la sociedad eduque a sus hijos”, explica Víctor Lapuente, investigador en el Instituto de Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo. Lapuente destaca una ventaja adicional fruto de su experiencia entre suecos: “Aquí el ambiente de trabajo es bueno porque todos se cogen baja paternal y eso es una cura de humildad. Aquí nadie se puede sentir tan importante como para ser imprescindible. Todos somos iguales y todos fregamos nuestros platos”.
Con hijos o sin hijos, lo cierto es que el reparto del tiempo es un tema que entra de lleno en las campañas electorales porque se considera un asunto clave del Estado de Bienestar y de la calidad de vida de los ciudadanos. “En Suecia, la distribución de las horas de trabajo y los permisos parentales son una cuestión política, muy presente en las campañas electorales", dice Marie. "Es un asunto público, no privado. Tenemos claro que es un tema que debe estar legislado”. 

En la patria de Ikea, la tienda que obliga a los compradores a montarse sus propios muebles, de la limpieza y las tareas domésticas también se encargan los  miembros de la familia.
A las cuatro de la tarde la oficina de Holmqvist se empieza a vaciar y en torno a las 17.30 se han ido casi todos los trabajadores, coincidiendo con la hora punta. En Estocolmo es entre las cuatro y las cinco cuando los coches se amontonan en las calles de vuelta a casa del trabajo y en el metro hay más apreturas. Unos vuelven a casa a ver a la familia. Otros viajan con algún instrumento colgando o con la ropa de deporte camino de alguna actividad. A esa hora tarde, Holmqvist entra sudoroso con la mochila a cuestas por la puerta de su casa.
Los miércoles juega al fútbol en una liguilla municipal pero, por lo demás, los hijos han cambiado su ritmo de vida. “Antes corríamos la maratón, así que entrenábamos mucho por las tardes, íbamos al cine y leíamos un montón”, cuenta Marie. Ahora dedican las horas libres a la crianza.
A media tarde se pone en marcha el dispositivo de cierre del día. Cena, baño, dientes, un cuento y a la cama. A las ocho de la noche, Tom duerme plácidamente. Es el momento en el que Holmqvist saca el ordenador de la mochila negra y reanuda su trabajo porque hoy tiene asuntos pendientes. En concreto, un informe financiero que tiene que entregar mañana. Preferiría no tener que hacerlo, pero entre haberse quedado en la oficina hasta las ocho y no ver a su hijo antes de acostarse o hacerlo ahora, no duda ni un instante. “No podría vivir de otra manera”.


Horarios pactados con el jefe

Los datos de la agencia de la Unión Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) dejan poco lugar a dudas de que el planeta en el que habita Tobías Holmqvist se parece más bien poco al del español medio. A la encuesta Europea de Eurofound sobre la Calidad de Vida (2012), un 62,5% de los suecos aseguraron que tenían flexibilidad para fijar la hora de entrada y de salida del trabajo. En España sin embargo fue un 37, 3% el que respondió de forma afirmativa a la misma pregunta. Un 71,1% de los suecos dijo además poder acumular horas de trabajo para disponer de tiempo libre más adelante. Entre los españoles, apenas un 24,5% dijo poder hacerlo.
A la encuesta europea sobre las condiciones de trabajo (2010) también de Eurofound, el 37,5% de los suecos aseguró que su horario lo fija su empleador, mientras que el 40,1% dijo que sus horarios son adaptables, aunque con ciertos límites. En el caso de España, el 73% de los encuestados dijo que su horario lo fija unilateralmente el empleador, mientras que en el 7% de los casos el horario es adaptable aunque con limitaciones.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Los grandotes también tienen problemas

Interesante artículo de Paul Krugman acerca de la crisis en la Bolsa china.


Los emperadores desnudos de China

La noticia no es que la transición económica no será fácil, sino que los líderes no saben como llevarla a cabo


Los políticos que están en el poder en tiempos de expansión económica suelen desarrollar delirios de competencia. Es algo que se puede apreciar en Estados Unidos: Jeb Bush cree conocer los secretos del crecimiento económico porque fue gobernador de Florida mientras el estado experimentaba una enorme burbuja inmobiliaria y tuvo la buena suerte de dejar el cargo justo antes de que estallase. Pero también lo hemos visto en otros muchos países: todavía me acuerdo de la omnisciencia y la omnipotencia que se les atribuía a los burócratas japoneses a mediados de la década de 1980, antes del inicio de un largo estancamiento.
Ese es el contexto en el que tenemos que inscribir los extraños acontecimientos que están ocurriendo en el mercado de valores chino para poder entenderlos. Por sí solo, el precio de las acciones chinas no debería importar demasiado. Pero las autoridades han decidido poner en entredicho su credibilidad al intentar controlar ese mercado, y están demostrando que, a pesar del notable éxito de China durante los últimos 25 años, los gobernantes del país no tienen ni idea de lo que están haciendo.
Empecemos por las nociones básicas. China se encuentra al final de una era, la era del crecimiento superrápido, posibilitado en gran medida por la ingente emigración de campesinos subempleados, que se fueron del campo a las ciudades costeras. Esta reserva de mano de obra excedente está menguando, lo que significa que el crecimiento debe ralentizarse.
Sin embargo, la estructura económica china está construida en torno a la premisa del crecimiento muy rápido. Las empresas, muchas de ellas propiedad del Estado, acumulan sus beneficios en lugar de devolvérselos a los ciudadanos, que tienen unos ingresos familiares raquíticos; al mismo tiempo, los ahorros de los individuos son elevados, entre otras cosas porque la red de seguridad social es débil, con lo que las familias acumulan efectivo, por lo que pueda pasar. En consecuencia, el gasto chino es asimétrico, con tasas muy altas de inversión pero una cuota muy baja de demanda por parte del consumidor en el PIB.
Esta estructura era viable mientras el frenético crecimiento económico ofreciese las suficientes oportunidades para invertir, pero ahora la rentabilidad de las inversiones desciende rápidamente. El resultado es un problema de transición peliagudo: ¿qué ocurre si la inversión disminuye pero el consumo no sube lo bastante rápido para llenar la brecha?
Lo que China necesita son reformas que amplíen el poder adquisitivo y, para ser justos, ha hecho esfuerzos en ese sentido. Sin embargo, es del todo evidente que dichos esfuerzos se han quedado cortos. Se ha introducido, por ejemplo, un supuesto sistema nacional de salud, pero en la práctica muchos trabajadores se cuelan por sus resquicios.
Entretanto, los líderes chinos parecen estar aterrados —probablemente por razones políticas— ante la perspectiva de la más mínima recesión. Así que han inflado la demanda atiborrando de crédito al sistema, fomentando además un boom en el mercado de valores. Estas medidas pueden funcionar durante un tiempo, y las cosas podrían haber ido bien si las grandes reformas avanzaran lo bastante rápido. Pero no lo están haciendo, y el resultado es una burbuja que quiere estallar.
En respuesta, China ha lanzado un gran órdago para respaldar el precio de las acciones: a los grandes accionistas se les ha impedido vender; las instituciones gestionadas por el Estado han recibido la orden de comprar acciones; y a muchas empresas cuyos precios estaban cayendo en picado se les ha permitido suspender las operaciones. Estas medidas pueden tomarse durante un par de días para contener un pánico a todas luces injustificado, pero China las aplica de manera sostenida a un mercado que todavía está muy por encima de su nivel de hace no mucho tiempo.
Es posible que, en parte, les preocupen las repercusiones financieras. Al parecer, algunos actores financieros chinos pidieron prestadas grandes sumas de dinero con sus acciones como garantía, por lo que el hundimiento del mercado podría dar pie a suspensiones de pagos. Esto resulta particularmente inquietante porque China tiene un enorme sector bancario "en la sombra" que, básicamente, no está regulado y podría sufrir una oleada de retiradas masivas de depósitos.
Pero también parece que el Gobierno chino, que en su momento animó a los ciudadanos a comprar acciones, ahora cree que debe defender los precios de las acciones para conservar su reputación. Sin embargo, lo que ha acabado haciendo, huelga decirlo, es hacerla añicos a una velocidad récord.
Lo cierto es que, cada vez que uno cree que las autoridades han hecho todo lo posible para destrozar su credibilidad, se superan. En los últimos tiempos, los medios de comunicación estatales están culpando de esta caída en picado de las acciones a —sí, lo han adivinado— una conspiración extranjera contra China, que es aún menos plausible de lo que podría parecer: durante mucho tiempo el país ha realizado controles eficaces para mantener a los extranjeros fuera de su mercado de valores, y resulta dificilísimo vender unas acciones que nunca te permitieron comprar.
Así las cosas, ¿qué hemos aprendido? El increíble crecimiento de China no era un espejismo, y su economía sigue constituyendo una enorme fuerza productiva. Evidentemente, los problemas de la transición a un crecimiento menor son importantes, pero eso es algo que sabemos desde hace tiempo. La gran noticia no es la economía china, sino sus líderes. Olvidémonos de todo lo que hemos oído sobre su brillantez y su capacidad de previsión. A juzgar por los bandazos actuales, no tienen la menor idea de lo que están haciendo.
Paul Krugman es premio Nobel de Economía de 2008.