Mostrando las entradas con la etiqueta galasso. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta galasso. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de agosto de 2012

QUIÉN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN Y QUÉ CONTÓ DE ÉL LA HISTORIA OFICIAL

Por Norberto Galasso


Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España. 
Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aun nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808. 
Nos recordó en cambio que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810. ¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?

Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años! 

Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares. 
Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del "yugo español" –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o peor aun, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de "Santo de la Espada" (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano "pícaro y mujeriego". 

Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo "le vene" bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista "a la violeta").

Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811. 

Y lo sostuvo contundentemente: "Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés" (pág. 129). 

Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés. ¡Qué osadía! ¿No es cierto? Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas "de bien público", a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto "que se iba a desatar un intenso y apasionante debate... pero no fue así. 

En forma unánime optaron por el silencio" (pág. 13 y 15). 

Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india... Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente "léida" de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés. 

En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.
Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial. 

Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba "El Evangelio de los Derechos del Hombre", es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y 1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico). San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por "un llamado de las fuerzas telúricas" como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros). 

Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y por tanto pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre "el más grande hombre civil de los argentinos" (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). 

Y entonces los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para remplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces sí resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires). 

La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo. ¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir al diario La Nación? Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: "Mitre se dejó un diario de guardaespaldas." 

Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintas épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados. Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en "Malditos".
Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la CELAC, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, "modernos" o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: 
nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; 
latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba "nuestros paisanos, los indios"; 
popular en tanto escribió "odio todo lo que es lujo y aristocracia"; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).
Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?

domingo, 24 de junio de 2012

La Invasión colonial inglesa

A 206 años de la invasión inglesa y en medio de la disputa por Malvinas que lleva adelante nuestro gobierno, resulta muy útil para el análisis del conflicto repasar un poco la historia.


A continuación, la narración e interpretación que realiza Norberto Galasso en Historia de la Argentina, Tomo I, pags. 119-121.


"Desde fines del siglo XVIII circularon, en los altos niveles del poder británico, diversos proyectos para arrebatarle a España sus colonias de América.


Así se produjo el 25 de junio de 1806, la invasión, armada por el almirante Popham y comandada por Beresford, al frente de 1600 hombres, quienes lograron apoderarse de la ciudad de Buenos Aires el 27 de junio.


Los jefes británicos imponen su bandera a la ciudad conquistada, toman juramento de obediencia y sancionan normas jurídicas durante un mes y medio, pero lo hacen inocentemente -según una amable versión escolar- sin que el rey Jorge III sustente propensión colonialista alguna.


Pero el pueblo resiste y Liniers, que llega desde Montevideo, nuclea voluntarios y logra derrotar a los invasores.


El 12 de agosto -festejado luego como el día de la Reconquista, Beresford capitula...............
..........................
La Historia Oficial señala que el 28 de junio de 1807 (un año mas tarde) se produce la segunda invasión inglesa, pero, en verdad, no es "otra", sino la continuación de la anterior, pues las fuerzas británicas han permanecido bloqueando el Rio de La Plata, a la espera de refuerzos durante varios meses, y en febrero de 1807 han ocupado Montevideo.


En la prosecución del intento colonialista, con veinte naves de guerra, 90 transportes y 12.000 hombres, Whitelocke logra derrotar a Liniers en Plaza Miserere y se propone ingresar al fuerte, a través de las calles centrales de la ciudad.


Pero Martín de Alzaga organiza la resistencia con intensa participación popular desde las azoteas, cerrándoles a los ingleses la posibilidad de avance hacia el fuerte.
Ante el fracaso, Whitelocke capitula el 7 de julio de 1807.


Resulta interesante señalar que Su Graciosa Majestad Británica -en 1807 y creyendo que Buenos Aires estaba bajo su control- envió al brigadier Roberto Crawfurd a tomar Valparaíso, aunque debió ordenar contramarcha al conocer el fracaso en el Rio de La Plata.


Quizás para algunos argentinos probritánicos, Crawfurd también obraba por su cuenta -al igual que Popham-, anteriormente, no existiendo propósito colonialista alguno por parte de Gran Bretaña.


El historiador Carlos Alberto Pueyrredón -que se desempeño como Intendente de la Ciudad de Buenos Aires- considera que el rey inglés era ajeno a estas acciones.  Así sostendrá en uno de sus discursos magistrales, que en 1806 y 1807 no hubo intención colonialista pues sólo se trató de "la ocurrencia de un marino valiente y temerario" que "no estaba autorizado por su gobierno" y que incluso obraba sólo con la intención de debilitar a España, pero que el resultado de esa incursión "permitió crear un respeto recíproco y  mutua estimación" entre criollos e ingleses y ademas "gracias a los ingleses aprendimos a pelear" (1)


A su vez, un vicepresidente de la Nación se preocupaba de que los festejos de La Reconquista pudiesen molestar al Imperio: "quizá fuera mejor no avivar ni celebrar con exceso el recuerdo de la aventura de la conquista del Río de La Plata ...la evocación resulta un tanto mortificante para el león británico" (2)


Todavía en nuestra época un matutino publica: "Inasiones Inglesas. La codicia de un comerciante, el motor de la llegada británica" y subtitula "El desembarco habría sido por un tesoro. Es la última hipótesis de los historiadores." "Fue el ansia de dinero de Popham y su deuda con el norteamericano William Pio White, lo que movieron a su flota, desde el cabo de Buena Esperanza hasta el Río de La Plata. (3)


Asimismo otro matutino publica un comentario del periodista Andrew Graham-Yool: "La primera expedición fue en su origen y ejecución, una aventura personal, con vistas al enriquecimiento individual de Popham, Beresford, Pack y otros." (4)


Otro ejemplo está dado por la novela El Amante Rojo  del escritor argentino residente en España Alejo Brignole. El periódico Ambito Financiero le dedica 2 páginas centrales bajo el título "Las Invasiones Inglesas no fueron como se las pinta" y en el reportaje, el autor señala que los hechos se tergiversaron "a través de una literatura contaminada de ideología, de sentimientos antibritánicos muy fuertes, lo que impidió ver lo que realmente ocurrió."  Después de manifestar que "el resto de la historia nacional no me atrae como argumento narrativo porque no encuentro, salvo en las luchas por la independencia, momentos épicos" y que "en ellas hay un componente fratricida que me distancia", agrega que el lector de su libro "no puede dejar de ponerse al lado de Beresford, que fue un general que vino con un mal de amores, porque no lo dejaron casarse con su prima hermana Luisa Beresford".(5)


Puede arguirse que se trata de una obra aislada, pero tampoco es casualidad que, hasta años atrás, el 12 de agosto aparecía rojo en el calendario y era recordado en los colegios como el rechazo a una invasión colonial y no, como se pretende ahora, una mera travesura de algún militar británico.


En este sentido, es bien conocido que en Gran Bretaña se habían estudiado varios planes para dominar estas tierras, entre otros, los de Mac Namara (1762), Vinsitart (1796) y Maitland (1800).


El carácter colonialista de la incursión inglesa queda demostrado asimismo en el juicio a Whitelocke, en 1808, quién culpa al gabinete whig por la aventura, mientras el fiscal confiesa, "Se han desvanecido todas las esperanzas que, con razón y uniformidad, se acariciaban para descubrir mercados para nuestras manufacturas, abrir un horizonte nuevo a la inclinación y actividad de nuestros comerciantes, de hallar nuevas fuentes para el Tesoro y nuevos campos para los esfuerzos de surtir las rústicas necesidades de países que salían de la barbarie o los pedidos artificiales y crecientes de lujo y refinamiento en aquellas apartadas comarcas del globo. (6) "
En esta declaración no sólo queda desnuda la vocación colonial sino que se utiliza - quizá por primera vez- la denominación "barbarie" para calificar a las nuevas regiones del mundo a las cuales el destino habría deparado el privilegio de ser "civilizadas" por Gran Bretaña.
La verdadera historia reside, pues, en el afán imperial de la burguesía inglesa, que vive en plena revolución industrial y que ha perdido, pocos años atrás, sus colonias de América del Norte.  Por tal motivo, la victoria de Beresford en 1806se expresa inmediatamente en la declaración del comercio libes y en el saqueo de los caudales del virreinato.   Estos tomados en Luján, ascienden a 1.291.323 pesos plata, de los cuales se dejan 205.116 en Bs. As. para gastos de la administración y se envían 1.086.208 en el barco "Narcissus" a Londres.
Eses tesoro de 40 toneladas de plata amonedada, desfila por la ciudad capital en 8 carros de 5 toneladas cada uno, en medio de las aclamaciones populares."


Aunque la invasión armada fue rechazada y nunca fuimos formalmente una colonia inglesa, a partir de 1821 y del gobierno de Rivadavia, la influencia que ejerció el imperio inglés hizo que en los hechos nos aproximáramos mucho.
Muy ilustrativo al respecto es el libro de Raúl Scalabrini Ortiz "Política británica en el Rio de La Plata".


(1) Pueyrredón C.A.: Gran Bretaña leal y  tradicional amiga de la Rca. Argentina. Bs. As. 1940 Folleto.
(2) Fraga Rosendo : El Hijo de Roca. Bs. As. Emecé, 1994, p. 249
(3) Downes Patricio: Invasiones Inglesas: la codicia de un comerciante el motor de la llegada"  Bs.As. Clarin 25-6-06
(4) Graham-Yooll, Andrew: "La Tentación argentina", Suplemento Radar, Página 12, Bs. As. 06-08-06
(5) "Las Invasiones Inglesas no fueron como se las pinta", Ambito Financiero, Bs. As. 15-03-2000